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Remembranzas de una tarde a la rumana

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“Con qué tranquilidad pude usar una falda. Sí, no faltó alguna mirada lasciva pero curiosamente desapareció pronto.” Eso pensé cuando un miércoles use una minifalda y salí a caminar por la calles de Cluj, horas después: “encuentran el cuerpo de una mujer, amarrada a un teléfono público en CU”. ¿Qué?, ¿cómo?, ¡¿por qué?! Preguntas que nos hicimos todos, respuestas dispersas, emociones mezcladas, ra bia… Justo ese día una de mis alumnas me pidió consejos para viajar a México y preguntó si es seguro; ¿qué le contesto? Me aguanté las ganas de llorar o gritar de rabia; hablé de lo bueno que tenemos, de los hermosos paisajes, la comida y cómo la gente puede –si quiere-, ayudarte cuando menos te lo esperas. Por su puesto hay violencia, no es seguro pero quise aferrarme a la bondad que ligera y espontáneamente se presenta en nuestro día a día. Un periodista asesinado, uno más. Esto me sacudió, me hizo darme cuenta de que al estar en mi país, algunas veces lo vemos normal, ¡pero no lo es! ...

Captura

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Cual foto, un instante encapsulado. Capturas el momento, lo detienes, lo haces tuyo. Tristemente la vida sigue, los momentos tejen historias pero no deberían detenerlas. Hasta dónde queremos llegar, cómo y por qué, depende de que tanto se está dispuesto a dejar de capturar momentos.  Basta de clicks en la cámara, más pasos, menos corazones. Más aire puro, menos encierro. Más interacción, ni siquiera con otros, con uno mismo y el entorno. Menos mentiras contadas a medias entre el pie de la foto y la imagen, más risas y lágrimas 'cara a cara'. Más seguir, menos quedarse. Basta de estancamiento, basta de detenerse, basta de  fingir que todo seguirá igual, ¡jamás! Qué miedo pensar que nada cambia, que todo permanece.  Aboguemos por la impermanencia, por la fugacidad y volatilidad, por más momentos inesperados y efímeros. Que la esencia sea medida en lo mucho que nos cuesta retener el momento. Más vivir, menos creer vivir.