Remembranzas de una tarde a la rumana
“Con qué tranquilidad pude usar una falda. Sí, no faltó alguna mirada lasciva pero curiosamente desapareció pronto.” Eso pensé cuando un miércoles use una minifalda y salí a caminar por la calles de Cluj, horas después: “encuentran el cuerpo de una mujer, amarrada a un teléfono público en CU”. ¿Qué?, ¿cómo?, ¡¿por qué?! Preguntas que nos hicimos todos, respuestas dispersas, emociones mezcladas, rabia… Justo ese día una de mis alumnas me pidió consejos para viajar a México y preguntó si es seguro; ¿qué le contesto? Me aguanté las ganas de llorar o gritar de rabia; hablé de lo bueno que tenemos, de los hermosos paisajes, la comida y cómo la gente puede –si quiere-, ayudarte cuando menos te lo esperas. Por su puesto hay violencia, no es seguro pero quise aferrarme a la bondad que ligera y espontáneamente se presenta en nuestro día a día.
Un periodista asesinado, uno más. Esto me sacudió, me hizo darme cuenta de que al estar en mi país, algunas veces lo vemos normal, ¡pero no lo es! ¿En qué momento nos deshumanizamos a tal grado?, me preguntó una amiga y yo contesté “quizá ese sea el problema, ser humano, nos hemos autodenominado la raza más fuerte y no lo somos. Los animales matan por supervivencia; el hombre toma, mata por placer”. Que por qué me sacudió tanto, porque es la primera vez que dije “¿neta?, yo lo conocí”, sí, tristemente hasta ahora me sentí (aún más) indignada. Entonces me invadió un sentimiento de rechazo, rechazo por mi país y la sociedad en la que vivo, me pegó un “no quiero volver”. Fue la conmoción del momento, sé que volveré con una visión de mundo un poco distinta y con la seguridad de que sí quiero cambios, el primero debe ser en mí.
…
Tantas cosas han pasado allá y muchas más aquí; ya no me quejo de la comida pero sigo extrañándola, he conocido más gente con ideas (y gustos gastronómicos), totalmente distintos. Viajé sola y me enfrente a una Anahí que no conocía, también recupere a una que había dejado en el olvido. Sentí emociones nuevas y recordé algunas que parecían muy lejanas e incluso ridículas. He cantado, bailado, hablado de una hermosa tradición y una de mis favoritas “Día de muertos” y reafirmé que de este lado del charco la muerte es otra cosa: es ajena y temida; con nosotros camina a lado, la vivimos diario (desafortunadamente diario). Me he reído como hace tiempo no lo hacía y me he sentido plena.
Hace unos días leía una entrevista en la que Juan Rulfo decía: “El mexicano es muy arraigado… No es el chile ni los frijoles, no es la nostalgia por esas cosas. Es una costumbre ya, un arraigo que se tiene…”. Acto seguido pensé en la palabra “costumbre”, un gran mal. No hay que acostumbrarnos a nada, hay que lidiar con todo a lo que nos enfrentamos, hay que cambiar, movernos, seguir, nunca detenernos… Pero no con prisa, no sin disfrutar de los momentos, no sin agradecer la compañía y la soledad, no sin aprender de los errores y malos tragos; solo entonces podremos dar un paso más, hasta entonces podremos hacer frente a todo lo que nos es ajeno y lo que no. Entenderemos que no es egoísmo, que es la única forma en la que la empatía será sincera y no una ilusión.
…
Caminar entre árboles ayuda a pensar, a veces a escribir
Un periodista asesinado, uno más. Esto me sacudió, me hizo darme cuenta de que al estar en mi país, algunas veces lo vemos normal, ¡pero no lo es! ¿En qué momento nos deshumanizamos a tal grado?, me preguntó una amiga y yo contesté “quizá ese sea el problema, ser humano, nos hemos autodenominado la raza más fuerte y no lo somos. Los animales matan por supervivencia; el hombre toma, mata por placer”. Que por qué me sacudió tanto, porque es la primera vez que dije “¿neta?, yo lo conocí”, sí, tristemente hasta ahora me sentí (aún más) indignada. Entonces me invadió un sentimiento de rechazo, rechazo por mi país y la sociedad en la que vivo, me pegó un “no quiero volver”. Fue la conmoción del momento, sé que volveré con una visión de mundo un poco distinta y con la seguridad de que sí quiero cambios, el primero debe ser en mí.
…
Tantas cosas han pasado allá y muchas más aquí; ya no me quejo de la comida pero sigo extrañándola, he conocido más gente con ideas (y gustos gastronómicos), totalmente distintos. Viajé sola y me enfrente a una Anahí que no conocía, también recupere a una que había dejado en el olvido. Sentí emociones nuevas y recordé algunas que parecían muy lejanas e incluso ridículas. He cantado, bailado, hablado de una hermosa tradición y una de mis favoritas “Día de muertos” y reafirmé que de este lado del charco la muerte es otra cosa: es ajena y temida; con nosotros camina a lado, la vivimos diario (desafortunadamente diario). Me he reído como hace tiempo no lo hacía y me he sentido plena.
Hace unos días leía una entrevista en la que Juan Rulfo decía: “El mexicano es muy arraigado… No es el chile ni los frijoles, no es la nostalgia por esas cosas. Es una costumbre ya, un arraigo que se tiene…”. Acto seguido pensé en la palabra “costumbre”, un gran mal. No hay que acostumbrarnos a nada, hay que lidiar con todo a lo que nos enfrentamos, hay que cambiar, movernos, seguir, nunca detenernos… Pero no con prisa, no sin disfrutar de los momentos, no sin agradecer la compañía y la soledad, no sin aprender de los errores y malos tragos; solo entonces podremos dar un paso más, hasta entonces podremos hacer frente a todo lo que nos es ajeno y lo que no. Entenderemos que no es egoísmo, que es la única forma en la que la empatía será sincera y no una ilusión.
…
Caminar entre árboles ayuda a pensar, a veces a escribir

Comentarios
Publicar un comentario